El drama de los «con papeles»
Cientos de inmigrantes esperan colas interminables para recoger sus
tarjetas de residencia - Denuncian que es «inhumano» el estado de las
instalaciones y el trato de los trabajadores
Enrique Villalba larazon.es
Madrid- Madrugón, ojeras, un día de permiso en el trabajo, una cola
interminable, malos modales, peor organización... y todo para nada.
Esta es la desesperante realidad a la que se enfrentan oleadas de
inmigrantes en las oficinas que el Ministerio del Interior ha
habilitado en Madrid para tramitar sus permisos de residencia. Y no es
un caso aislado. Ocurre cada día en todos ellos.
La más conocida es la central, situada en la calle General
Pardiñas, pero no la única. En la antigua cárcel de Carabanchel y en la
plaza del Campillo es más de lo mismo. Los inmigrantes se apresuran
desde primera hora a hacer cola. En apenas treinta minutos, las filas
recorren cientos de metros. Mujeres con niños pequeños, ancianos,
personas que queman algunos de sus preciados días de vacaciones. Todos
se apilan para recibir uno de los preciados números que reparten los
funcionarios para tramitar su permiso de residencia. Poco más de 60
números para las quinientas personas que esperan, muchas de ellas con
varios pasaportes en las manos.
Sin embargo, no les sirve ni hacer las cosas bien. Después de
esperar en algunos casos nueve horas en la fila y a pleno sol estival,
cuando llegan, los que llegan a la ventanilla, reciben en muchos casos
los papeles que no corresponden a su situación o les destinan a otro
lugar que no les sirve para nada, con lo que tienen que volver a
empezar. Juan Jiménez ha venido por tercera vez a intentar conseguir su
permiso sin éxito. Le han cerrado las puertas en la cara porque el
horario termina a las dos de la tarde, aunque se quedan muchos
inmigrantes fuera. «Parece mentira que estemos en el siglo XXI, en la
era de las telecomunicaciones. Esto parece un estado primitivo. Por la
red no podemos conseguir la documentación. Por teléfono no responden
jamás», explica.
Fuentes policiales desmienten este punto e insisten en que el
sistema, tanto en Internet como en las oficinas funciona, pero las
quejas no hacen más que crecer.
Miguel Ángel es el presidente de la Asociación Iberoamericana
para todos. Asegura que ha recibido un montón de quejas por este tema.
«El trato que nos dan es inhumano e inaceptable. Estamos haciendo cola
varias horas sin ningún baño cercano ni ninguna cafetería para tomar un
refresco. Cuando llegas, te dan unos papeles que en muchos casos son
erróneos, lo que te obliga a volver de nuevo. La atención es
insuficiente y se piensan que por ser inmigrantes nos pueden tratar
como si fuéramos tontos. Además, tardan mucho más de lo acostumbrado en
darnos la resolución. En vez de tres meses, tardan entre seis y ocho
sólo por la burocracia».
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